miércoles, 28 de octubre de 2015

MANIFIESTO DE LA VT
A la juventud, tiempos de grandes ideales

“¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y organizar el lío que hacen. Las dos cosas, ¿eh? Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza…”
Papa Francisco

A 72 años de la fundación de la Federación de Estudiantes de Panamá, el movimiento Vanguardia Torrijista ex-miembros de la gloriosa Federación de estudiantes y recientemente nos pronunciamos contra el encarcelamiento injusto de estudiantes panameños, mientras los que le robaron inmisericordemente al país siguen libres, se pronuncia sobre tan importante fecha.

El primer Congreso de la FEP se realizó en febrero de 1944 y su primer presidente fue Federico Velásquez y su primer Secretario General Humberto Ricord.

Herederos de la luchas de nuestros antecesores, por la recuperación de la soberanía, los estudiantes organizados en todos los colegios y la Universidad de Panamá, desde ese momento abrazamos los ideales de lucha de los pueblos que luchaban contra el imperialismo, el fascismo y el colonialismo. 

Como resultado de las luchas que encabezaron la FEP y el Frente Patriótico de la Juventud, un año después del rechazo al convenio Filos-Hines que pretendía instalar más de cien bases militares norteamericanas, se aprobó por la Ley 1 del 22 de octubre de 1948 donde e se establece el 27 de octubre como Día del Estudiante.

Como generación supimos desde muy jóvenes el significado de tener en el corazón del pueblo panameño un enclave colonial que practicaba el apartheid, con su política del Silver Roll y el Gold Roll.  Supimos luchar por el mejoramiento de la educación nacional, lucha que sostuvimos en los años 50 y 60 del siglo pasado. 

La juventud supo empinarse frente a los retos de exigir un país con un solo territorio y una sola bandera, supo manchar con hidalguía y honor junto a su bandera para que se cumpliera el acuerdo Chiari-Kennedy de izar la bandera panameña junto a la norteamericana en todos los sitios donde se izara en la Zona del Canal la bandera norteamericana.  Esta exigencia del movimiento estudiantil le costó la vida a 22 panameños y más de 500 heridos el 9 de enero de 1964.

Nuestra lucha continuó en la década de los 70s logrando junto al general Omar Torrijos la firma de un tratado que expulsaba la colonia norteamericana, el uso de bases militares y la transferencia de la administración del Canal a manos panameñas.

Hoy en democracia, la organización del movimiento estudiantil es prohibida y perseguida en las escuelas secundarias del país. Existe una campaña de medios de comunicación y de profesores y administradores que orientan en los jóvenes y en la sociedad un discurso que desmoviliza a la juventud de sus demandas y de su patriotismo.


Exhortamos a nuestros jóvenes estudiantes  en su día a organizarse en todo tipo de organizaciones, a soñar con un país diferente, a vincularse a los problemas del país a reivindicar los problemas que alcanzan a sus padres y los afectan a ellos.  A luchar por una educación de calidad, solidaria, independiente, democrática y que se oriente a un desarrollo humano participativo, integral y sostenible.   

martes, 27 de octubre de 2015

MANIFIESTO DE LA VT
A la juventud, tiempos de grandes ideales

“¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y organizar el lío que hacen. Las dos cosas, ¿eh? Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza…”
Papa Francisco

A 72 años de la fundación de la Federación de Estudiantes de Panamá, el movimiento Vanguardia Torrijista ex-miembros de la gloriosa Federación de estudiantes y recientemente nos pronunciamos contra el encarcelamiento injusto de estudiantes panameños, mientras los que le robaron inmisericordemente al país siguen libres, se pronuncia sobre tan importante fecha.

El primer Congreso de la FEP se realizó en febrero de 1944 y su primer presidente fue Federico Velásquez y su primer Secretario General Humberto Ricord.

Herederos de la luchas de nuestros antecesores, por la recuperación de la soberanía, los estudiantes organizados en todos los colegios y la Universidad de Panamá, desde ese momento abrazamos los ideales de lucha de los pueblos que luchaban contra el imperialismo, el fascismo y el colonialismo. 

Como resultado de las luchas que encabezaron la FEP y el Frente Patriótico de la Juventud, un año después del rechazo al convenio Filos-Hines que pretendía instalar más de cien bases militares norteamericanas, se aprobó por la Ley 1 del 22 de octubre de 1948 donde e se establece el 27 de octubre como Día del Estudiante.

Como generación supimos desde muy jóvenes el significado de tener en el corazón del pueblo panameño un enclave colonial que practicaba el apartheid, con su política del Silver Roll y el Gold Roll.  Supimos luchar por el mejoramiento de la educación nacional, lucha que sostuvimos en los años 50 y 60 del siglo pasado. 

La juventud supo empinarse frente a los retos de exigir un país con un solo territorio y una sola bandera, supo manchar con hidalguía y honor junto a su bandera para que se cumpliera el acuerdo Chiari-Kennedy de izar la bandera panameña junto a la norteamericana en todos los sitios donde se izara en la Zona del Canal la bandera norteamericana.  Esta exigencia del movimiento estudiantil le costó la vida a 22 panameños y más de 500 heridos el 9 de enero de 1964.
Nuestra lucha continuó en la década de los 70s logrando junto al general Omar Torrijos la firma de un tratado que expulsaba la colonia norteamericana, el uso de bases militares y la transferencia de la administración del Canal a manos panameñas.

Hoy en democracia, la organización del movimiento estudiantil es prohibida y perseguida en las escuelas secundarias del país. Existe una campaña de medios de comunicación y de profesores y administradores que orientan en los jóvenes y en la sociedad un discurso que desmoviliza a la juventud de sus demandas y de su patriotismo.

Exhortamos a nuestros jóvenes estudiantes  en su día a organizarse en todo tipo de organizaciones, a soñar con un país diferente, a vincularse a los problemas del país a reivindicar los problemas que alcanzan a sus padres y los afectan a ellos.  A luchar por una educación de calidad, solidaria, independiente, democrática y que se oriente a un desarrollo humano participativo, integral y sostenible.   

jueves, 22 de octubre de 2015

COLÓN ESTÁ EN RIESGO!!

PRONUNCIAMIENTO


VT-COLÓN
Centro de Estudios e Investigaciones Sociales Antonio Yépez De León


C
olón está en riesgo!! Esa es la consigna que hasta ahora han abanderado algunos miembros de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colon y de la Cámara de Comercio de Colón para explicar la crisis por la que atraviesa ese emporio comercial.
El común de los colonenses y en particular los ciudadanos que laboran en las empresas ubicadas en la zona franca han entrado en un pánico generalizado al observar una baja significativa en los niveles de empleo.  Se han perdido según algunas voces alrededor de 9500 empleos durante los últimos treinta y seis meses. Por supuesto que esto se agrava al sumar estos nuevos desempleados a los ya existentes que nunca han trabajado en la Zona Libre, que no han tenido oportunidades ni allí́ ni en ningún lado.
Con el argumento de lograr salvar a Colon, los empresarios han convocado a todos sus gremios y empresas a un paro general, y osadamente, hasta han convocado a todos los gremios y la sociedad civil en general para que apoyen su iniciativa de salvar a Colon.
Para los sectores pensantes no es suficiente el argumento de que Colon está en riesgo sin que se analicen y se conozcan las causas de la crisis, las alternativas que plantean los empresarios para salir de ella, cual es la propuesta real del gobierno ante esta situación.
Todos estuvieron de acuerdo en reformar en todas sus partes la Ley Orgánica de la Zona Libre bajo el argumento de modernizarla y hacer a la Zona Libre más competitiva. Junto a ello, también están de acuerdo en la implementación del cacareado Colon Puerto Libre que durante el gobierno militar fue rechazado por los colonenses y que luego el gobierno de Endara formalizo en una Ley que nunca se implementó́ para evitar que todo Colon se convirtiera solo en una gran zona comercial y se perdiera el sentido de pertenencia que hacia nuestra ciudad tenemos los colonenses.
Si todos están de acuerdo, vale la pena preguntar qué es lo que impide que de una vez por todas se modernice la Zona Libre y que sus operaciones se hagan más competitivas.  Es sencillo, los usuarios de la zona no están dispuestos a enfrentar el riesgo de su inversión con su propio dinero, por el contrario, con una actitud chantajista, procuran y exigen que la crisis que se ha generado producto de la debilidad de sus operaciones, clientes y mercados, sea cubierta con el no pago de impuestos, tasas y tarifas de ninguna índole y quieren que dicho paliativo sea introducido en la Ley Orgánica, así́, cuando venga la bonanza y más allá́, gozaran de beneficios extraordinarios, sin pagar nada, y que todo aporte que salga para el gobierno nacional o para el desarrollo de la provincia se limite a los impuestos que pagaran los trabajadores y el pago de algunos servicios públicos.
Como lo anterior no puede ser justificado ni social ni económicamente, ahora claman por la equiparación con el resto de las Zonas Francas del país, a quienes los gobiernos irresponsablemente les han otorgado incentivos y exoneraciones por encima de las permitidas a los usuarios de la Zona Libre de Colon.
Para nosotros, más que otorgar incentivos adicionales a la Zona Libre de Colon, el gobierno debe revisar las concesiones e incentivos que se les han otorgado a las demás zonas francas en deterioro del potencial económico de la nación.
Ni la disminución de los impuestos, tasas o tarifas ni la Ley que hoy se discute en la asamblea nacional podrán sacar a Colon del riesgo, tampoco garantiza ni puede garantizar la generación de nuevos empleos o al menos detener la ola de despidos que hoy se da. Esto es sencillo, la Ley por sí misma no puede garantizar esto si gran parte de las causas son externas y están ligadas a la situación de los mercados tradicionales. Y por el contrario, al enchorizar un tema migratorio con la Ley, que se busca además, es paulatinamente desplazar la mano de obra local por la extranjera, a la que no pagarían los mismos beneficios que a los nacionales. Amén de que sería violatoria de toda nuestra legislación y política migratoria.
Ni la Ley ni los empresarios se refieren a los aportes extraordinarios que reclaman los colonenses que consiste en que un 50% de los ingresos de la Zona Libre sean destinados al desarrollo de la provincia más allá́ de lo pobremente asignado en el presupuesto general del estado.
Colon está en riesgo, pero los usuarios de la Zona Libre no aceptan que Colon Puerto Libre es para ellos, para que mantengan sus operaciones tradicionales y niveles aceptables de ganancias y con una inversión mínima, mientras diversifican sus empresas, de tal manera que puedan ser competitivas frente a los retos comerciales de un mundo globalizado.  La competitividad se reduce a tener servicios eficientes y agiles, las ventajas competitivas son otras cosas con la que cuenta la Zona Libre y que no están presentes en las operaciones de las demás zonas libres del mundo. Solo piense en la conectividad portuaria, aérea, ferroviaria, terrestre, marítima y demás actividades que se entrelazan con las operaciones del Canal de Panamá́.
Todos conocemos que el capital no tiene sentimientos, no tiene nacionalidad, es nervioso y egoísta, pero si se quiere resolver la crisis, el gobierno debe ser vanguardia y actuar con responsabilidad y equidad. Y los empresarios que realmente quieren a Colon deben actuar con responsabilidad, fundamentalmente, responsabilidad social empresarial. Colon no puede seguir siendo una isla de riquezas en medio de un mar de pobreza. Cualquiera sea la solución, se debe garantizar que el 50% de los ingresos de la Zona Libre sean destinados a Colon, recordemos que aun Colon es una bomba a punto de estallar a los que los gobiernos no se han interesado en desactivar.
ASI DE SENCILLA ES LA COSA!!!




domingo, 18 de octubre de 2015

El Estado Islámico, una rara alquimia de Corán, Twitter y violencia terrorista
Mariano César Bartolomé
Napoleoni L. (2015). El Fénix Islamista. Barcelona: Paidós.

VERSIÓN RESUMIDA
Por José de la Rosa Castillo
Especialista en Relaciones internacionales
Miembro de la VT

E
l Fénix Islamista, escrito por Lorett a Napoleoni, quien cobró notoriedad más allá de los claustros de la London School of Economics al publicar hace unos años su obra Yihad (en español Economía Canalla), en la cual estudió los sofisticados métodos de financiación terrorista en la economía globalizada. Desde ese entonces hasta ahora, su producción académica ha sido por demás prolífica, con muchos de sus trabajos traducidos al español.

En El Fénix Islamista, esta especialista en cuestiones terroristas del Club de Madrid aborda el caso del autodenominado Estado Islámico (EI), grupo radicalizado sunnita tristemente célebre en los últimos meses por la extrema crueldad con que asesina a sus prisioneros, y la difusión que lleva a cabo de esas acciones por las redes sociales. Así, pese al estéril esfuerzo de gobiernos occidentales, se han esparcido por Internet escalofriantes escenas de sus víctimas crucificadas, degolladas o quemadas vivas.

Sin embargo, la trascendencia que Napoleoni le asigna al caso pasa por andariveles menos mediáticos, pero a la vez más importantes desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales: con su enunciado de la creación de un Califato Islámico sunnita, se apresta a rediseñar la cartografía política de Medio Oriente y dar por superado el mapa planteado por el Acuerdo Sykes-Picott  de 1916. Las dimensiones de ese desafío fueron planteadas claramente por un portavoz de la organización: “la legalidad de todos los emiratos, grupos, estados y organizaciones queda anulada a merced de la expansión de la autoridad del califa y la llegada de sus tropas a los territorios”.

La idea del califato remite a la sociedad árabe que Mahoma edificó en el siglo VII, y se expandió durante épocas posteriores, llegando hasta el siglo XIX, cuando el título de Califa es empleado por última vez por Abdulmecid-I, entre 1823 y 1861. Con la disolución del Imperio Otomano y la constitución de la Turquía moderna en 1924, por obra de Atartuk, esa denominación fue extinguida. Así, se entiende que su restitución en tiempos modernos sea el sueño de todo musulmán sunnita y constituya la consumación del resurgir del Islam de las cenizas de su decadencia y declinación, cual Ave Fénix.

El EI es un tipo de organización absolutamente novel, que carece de antecedentes similares, por lo cual toda analogía histórica puede dar lugar a peligrosos equívocos. Esa novedad radica en compatibilizar de manera pragmática elementos tan diferentes como las enseñanzas coránicas, enfatizando en el inminente inicio de una nueva época dorada para el Islam de la mano del califato, con la globalización y el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Otros elementos se suman a esa combinación, en una rara alquimia, entre ellos el control efectivo de una amplia área territorial, hecho que marca –en su favor, claro– una nítida diferencia cualitativa en relación a otras entidades terroristas, como los numerosos grupos palestinos surgidos del tronco de Fatah a través de sucesivas escisiones, o el propio Al Qaeda de Osama bin Laden.

En este punto, un dato no menor es que el referido control territorial incluye la imposición del orden público, acabando con una situación anárquica que favorece los actos de corrupción por funcionarios venales del régimen de turno, y la expoliación de los recursos de la población. La mejora de la situación de los lugareños se acompaña con la creación o reactivación de las instituciones políticas y el aparato productivo, y la implementación de planes sociales. En otras palabras, y tal cual acontece en muchas partes del globo, es el caso de un actor no estatal que ha sabido capitalizar en su beneficio la conducta de Estados que, más allá de lo declarativo, han permanecido ausentes de espacios signados por la pobreza crónica, la desilusión reiterada y la falta de perspectivas en el futuro.

¿En este raro híbrido de Sharia y Facebook, no es contraproducente para la consolidación de una base de apoyo popular, la difusión de los actos de violencia extrema del EI? Napoleoni no solo no lo cree, sino que reivindica la habilidad de los líderes de esa organización en materia de medios de comunicación masivos, alegando que en el contexto de vorágine informativa en la cual nos encontramos inmersos, la “propaganda del miedo” capta la atención de la audiencia global de manera mucho más efectiva que los sermones religiosos.

Más aún, considera que la visión del EI como una organización sádica y sanguinaria, prevaleciente en Occidente, no necesariamente es compartida por amplias capas de la población siria e iraquí, que lo percibe como un factor de orden y estabilización, tras décadas de guerras de facciones y corrupción estatal.

De hecho, ella anticipa a poco de comenzar la obra que este grupo es una “multinacional del terror”, calificándolo más adelante como la personalización de la Tercera Guerra Mundial que el Papa Francisco considera en pleno desarrollo.

A la hora de indagar en el surgimiento de este extraño colectivo, en el libro se vincula ese hecho con el plurisecular enfrentamiento entre las corrientes sunnitas y chiítas en el seno del Islam, remarcando un hecho que suele ser ignorado, o soslayado en el mejor de los casos, por los analistas occidentales de la cuestión: en tanto versión radicalizada sunnita (salafismo), los enemigos del EI son menos las potencias occidentales con sus decadentes valores, que otras vertientes islámicas percibidas como apóstatas (takfir), comenzando por los chiítas. La autora declara de manera que si se consumara el Califato, ser chiíta dentro de sus límites equivaldrá a haber sido judío en la Alemania nazi.

Cuando al Zarqawi cae abatido en una operación militar de Estados Unidos, en 2006, la organización entra en una situación errática de la cual emerge recién cuatro años más tarde con un nuevo liderazgo, el que asumió tras salir de prisión Abu Bakr al Bagdadi, quien renombró a la organización Estado Islámico de Irak (ISI), tal cual lo había intentado infructuosamente su predecesor.

Siempre en el relato de la autora, el liderazgo de Al Bagdadi se basa en buena medida en su solidez en materia teológica, al ser graduado en estudios coránicos por la universidad de Bagdad. Nuevamente se constata lo observado en otras organizaciones terroristas: sus principales referentes, lejos de ser incultos o poseedores de una rudimentaria educación, son egresados universitarios con una vasta cultura. De su mano, ISI retomó el combate contra los chiítas, pero además lo llevó a Siria, donde logró su consolidación. De esa fusión nacería una nueva entidad, Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS).

En referencia al conflicto interno sirio, Napoleoni es particularmente dura con los gobiernos de Washington y Londres, indicando que crean las condiciones para la aparición de “Frankenstein” (sic) cuyas acciones luego se vuelven en su contra, como sería el caso del propio ISIS. Y agrega que sus intereses dificultan el diseño de cualquier estrategia para contrarrestar a la organización, por ejemplo, involucrando en el esfuerzo a Irán, principal aliado del régimen sirio de Al Assad en la zona.

En las postrimerías de libro, y como correlato de todo el desarrollo anterior, se lee: “El Estado Islámico, trascendiendo la mitología y la retórica de anteriores grupos Jihadista, demuestra pragmatismo y modernidad en el desarrollo de la estrategia que requiere el logro de su ambicioso sueño por construir una nación”. E incluso aventura que, aun fracasando, la experiencia de EI puede servir de inspiración para otros grupos armados. ¿Qué hacer entonces, frente a este hecho con escasos antecedentes?

Por eso puede decirse que, con su estilo ameno y una pluma ágil, Napoleoni ha contribuido a que la opinión pública pueda comprender uno de los procesos políticos (y geopolíticos) más importantes de las Relaciones Internacionales contemporáneas.

jueves, 15 de octubre de 2015

Joseph Stiglitz “agua la fiesta”  al TTP


Por David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT

El premio Nobel de Economía en 2001, el estadounidense Joseph Stiglitz, acaba de “aguar la fiesta” a los celebrantes del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en inglés), al que calificó de “motivador de desigualdad”, en el contexto de tensiones económicas y políticas globales.

Stiglitz, quien vienes de calificar de “indignantes” las medidas impuestas por el mercado a Grecia para encarar la crisis financiera, afianzó su rechazo al modelo de globalización y arremetió contra el TTP, a través de una declaración sustentada en argumentos contundentes.

“Se podría llamar una mala reforma, un paso en la dirección equivocada”, reconoció en Perú, y adujo que el Acuerdo Transpacífico socavará protecciones básicas de los consumidores, debido a trabas que restringirán el acceso de medicamentos. Añadió que “la historia de que los fármacos estarán más disponibles es básicamente una mentira”.

En respuesta al anuncio del documento, Stiglitz ha señalado sin ambages: “algunas personas llaman a la TPP un motivador de reformas estructurales, pero yo lo llamo un motivador para una mayor desigualdad y socavador de protecciones básicas de las personas en nuestra economía", con efectos nocivos sobre la Salud y el Ambiente.

“Estoy en contra del TPP”, un pacto comercial entre países que representan el 40 por ciento de la economía mundial, dijo el premio Nobel al cuestionar el secretismo de las negociaciones y el hecho de que las empresas dejarían a los gobiernos vulnerables desde un punto de vista legal.

Reseñó que el TPP perpetuaría las ventajas desiguales de compañías de los países más industrializados, elevando la protección de los derechos de propiedad intelectual en formas que aumentan las ganancias de los propietarios intelectuales, a expensas de todos los demás.

El acuerdo de libre comercio, que involucra a Chile y a 11 naciones del Pacífico, ha sido objetado, incluso, por la Organización Médicos sin Fronteras, que cuestiona la protección de los fármacos biológicos sujetos a la propiedad intelectual, en el ámbito del acuerdo.

Pese que el TTP aún no ha sido adoptado formalmente por los órganos legislativos de los países signatarios, la lluvia de crítica va en aumento. Ese rechazo ha impedido que los promotores de esa iniciativa hayan podido celebrar a sus anchas con las multinacionales farmacéuticas.

La organización de investigación Brookings Institution, con sede en Estados Unidos, advirtió que los fármacos biológicos son estructuralmente más complejos que otros medicamentos. Su elaboración es más difícil y costosa, y, en promedio, cuestan 22 veces más que los demás.

Conviene recordar que las negociaciones del tratado, iniciadas en 2008, concluyeron con su firma en la sureña ciudad estadounidense de Atlanta. Uno delos primeros en salir a celebrar fue el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien no previó que entraba en un berenjenal.

En Estados Unidos han saltado las alarmas, porque los fabricantes de fármacos biológicos tienen 12 años de exclusividad sobre la información necesaria para copiarlos. Durante ese lapso, la  Administración de Alimentos y Fármacos estadounidense no puede aprobar un fármaco biosimilar que utilice los datos biológicos originales.

Para algunos analistas, la propuesta del TTP esconde una preocupación de fondo en el modelo global. En 2020, la producción económica combinada de Brasil, China e India superará a la producción acumulada de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Italia.


Además, la creciente cooperación económica entre Beijing y Moscú indica que existe una nueva ecuación económica entre ambos, fuera del control occidental. El TTP no surge en forma aislada de esa realidad geopolítica, y reclama un papel activo de las organizaciones sociales.

sábado, 10 de octubre de 2015

MANIFIESTO AL PAÍS

El gobierno actual no surgió por capricho o accidente. Fue la culminación de un largo proceso de creciente incapacidad de los partidos políticos de gobernar con honestidad, responsabilidad y orden… Esto no era un golpe de Estado más en la América Latina, sino la oportunidad precisa de cambiar el rumbo del país.”

Omar Torrijos
Discurso ante hombres de negocio norteamericanos
 27/12/1969

El calendario del Torrijismo marca el 11 de octubre de 1968 como el inicio de un proceso de transformaciones importantes en la vida política del país. Se ostentaron logros como el sistema de Salud (Salud Igual para Todos); la Reforma Educativa, que masificó la educación primaria, media y universitaria; un Código de Trabajo que promovió la justicia laboral y la organización sindical; una representación política más cercana al pueblo con la organización del Poder Popular (La Asamblea de los 505 Representantes de Corregimientos); la promoción de una política agraria, por medio de los Asentamientos Campesinos; la ampliación de infraestructura con sentido social, como la apertura de caminos de producción, viviendas populares y para las capas medias de la población (Tuira y Chucunaque, los Libertadores, Santa Librada, edificios multifamiliares en El Chorrillo, Barraza y el Marañón); y quizá el logro más importante de ese movimiento octubrino: la descolonización definitiva del territorio nacional, a través de la recuperación del Canal de Panamá y la desocupación de bases estadounidenses en la Zona del Canal (Tratados Torrijos – Carter).

Cinco años de gobierno del Sr. Ricardo Martinelli fueron suficientes para reivindicar plenamente el reclamo histórico que condujo al golpe de Estado del 11 de octubre de 1968.  La manifiesta incapacidad para gobernar de  los partidos políticos con honestidad son los signos de la época. Unos organizados como carteles criminales y otros desviados de sus principios ideológicos fundacionales  de reivindicación social.  

El único propósito de los partidos “cartelizados” ha sido  gobernar para depredar la “res pública”, con la complicidad de la dirección tarifada de los partidos, que se alimentan de las sobras que caen de la mesa, en el festín de la corrupción. Esos, despojados de la dignidad del mendigo, elevaron a principio ideológico su ya célebre frase: “¿Qué hay pa´mi?

El cartel que nos gobernó durante un lustro, que todavía tiene un alto grado de incidencia económica y política en la sociedad panameña, ejecutó un modelo de corrupción cuidadosamente elaborado. Vació de contenido y desarticuló a toda la  institucionalidad pública. Tejió una red de cómplices y de testaferros en la que involucró a la empresa privada (particularmente en el sistema bancario), los partidos políticos e incluso a la familia.  Empleo el método extorsivo de las tres “P” al amigo plata, el indeciso palo y el enemigo plomo.

El cartel que nos gobernó rebasó los límites de la corrupción sistémica (por ejemplo evasores de impuestos y de las cuotas del seguro social),  que representa entre el 7% y el 9%  del producto Interno Bruto, es decir entre 3 mil y 4 mil millones de dólares al año. El cartel escandalizó a los más encumbrados exponentes de la corrupción sistémica por la magnitud de los sobrecostos en las inversiones públicas, la simulación y manipulación de contrataciones públicas, el acceso a información privilegiada para provecho propio y de sus asociados que aún no han sido investigados.  Si tomamos como base para el cálculo el 30% que alegan los indagados, la corrupción vinculada a los sobrecostos de 13 mil millones de dólares de inversión pública que manejó la administración pasada, podrían- adicionar a la corrupción sistémica otros 4 mil millones de dólares durante el período.

¡El cartel que nos gobernó durante un lustro corrompió a la corrupción!  La magnitud de la lesión rebasa las capacidades del Ministerio Público y la Corte Suprema de Justicia, carentes de los recursos técnicos y financieros.  Ellos solamente han mostrado capacidad para investigar solamente el 10% de  los actos de corrupción cometidos por los testaferros, fundamentalmente en el Programa de Ayuda Nacional (PAN).  Los supuestos sobre costos en la red vial, del sistema de transporte incluido el METRO, la construcción de hospitales y el blanqueo de capitales en el sistema bancario nacional aun no son investigados.  La consigna “¡caiga quien caiga!” es sólo eso… una consigna.

La reivindicación e incorporación a la agenda pública de la demanda social por agua, seguridad ciudadana, educación, transporte, seguridad de las vivienda de los sectores de renta baja e, incluso, de renta media amenazadas por las inundaciones provocadas por depredación de los manglares, sequia, salud y provisión de medicamentos se subordina sistemáticamente, en la agenda pública, a los intereses de los poderes fácticos enfrentados entre sí para controlar la mayor parte del despojo de los bienes y recursos provenientes del Canal de Panamá y su ampliación. Ese es el proyecto que el cartel que nos gobernó desvió de sus cauces e intentó hegemonizar.

La alerta azul utilizada para recabar información sobre la identificación de una persona o las actividades que se consideren delictivas dentro de un asunto penal emitida por el magistrado fiscal de la Corte Suprema de Justicia Harry Díaz, quien formuló los cargos contra el ex presidente Martinelli por las escuchas telefónicas y la violación del derecho a la intimidad, puede considerarse una hoja de parra para tapar la desatinada designación del Magistrado José Ayú Prado como juez de Garantía del sensitivo caso de Financial Pacific.  ¿Qué información pretende recabar el magistrado fiscal con la alerta azul? ¿A quién pretende identificar? ¿Por qué no emitió la alerta roja, consistente en la solicitud de detención de una persona con miras de extradición? ¿Estamos ante otro escenario de la lucha hegemónica de los poderes fácticos que castiga a uno de sus integrantes por violar las reglas del despojo?

Es sintomático que mientras se dan estos graves acontecimientos, sectores del PRD se debaten por el control del partido y en una lucha prematura por la nominación presidencial.  Aún no escuchamos ni leemos una posición contundente sobre los acontecimientos nacionales, la dirección de ese partido sigue en su posición contemplativa, de mirar sus ombligos mientras la escena nacional reclama la orientación del partido de Omar.  Esa dirección prefiere ver la paja en el ojo ajeno, mientras no ve la viga en su propio ojo. 

El país reclama de su clase política, no sólo el cumplimiento de acciones directas para sancionar a los delincuentes de “cuello blanco”, sino también la construcción de mecanismos para evitarla. Esta corrupción ha alcanzado al Canal de Panamá, que se administra como casa privada y no con el principio del uso más colectivo posible.

Vanguardia Torrijista llama a todas las fuerzas de la sociedad a exigir justicia para quienes se ha robado la plata del pueblo, a exigir al gobierno eficiencia y eficacia en la solución de las demandas sociales insatisfechas enumeradas a inicio de este manifiesto y abrir la participación de los ciudadanos en la construcción de mecanismos que eviten la corrupción. Sólo así comenzaremos a tener  la oportunidad precisa de cambiar el rumbo del país.

Mientras que las autoridades conceden casa o país por cárcel a delincuentes que saquearon las finanzas pública, la disidencia estudiantil en el Instituto Nacional es castigada con prisión y actos de escarmiento por supuestas acusaciones de terrorismo, en abierta violación a los derechos humanos. Esas acusaciones judiciales contra los estudiantes incumplen el objetivo de la Justicia, por ello exigimos la inmediata libertad de los institutores.

Hoy, ante los hechos denunciados y la ausencia de medios que reflejen el sentir del pueblo, Vanguardia Torrijista decide relanzar el periódico digital Bayano, como una alternativa para la reflexión de los problemas del país, el aporte a soluciones nacionales, la organización de los ciudadanos y la crítica a las injusticias sociales.


La realidad y los desafíos nacionales revelan que es necesario retornar el camino del Torrijismo para frenar los abusos, el despojo y la inequidad, y definir una vía de participación de organizaciones del movimiento social. En ese esfuerzo, instamos a trazar una hoja de ruta unitaria para la recuperación de las conquistas arrebatadas y la participación activa de a favor de una democracia popular,  con el objetivo de garantizar soberanía plena y desarrollo.

Tercer encuentro de la VT 10 de octubre de 2015

viernes, 9 de octubre de 2015

LOS NUEVOS ESTADOS DE VIGILANCIA



EDITORIAL EN DETALLE
Nº: 240   Octubre  2015

Ignacio Ramonet

La idea de un mundo situado bajo “vigilancia total” ha parecido durante mucho tiempo un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesos de la conspiración. Sin embargo, hay que reconocer la evidencia: vivimos, aquí y ahora, bajo la mirada de una especie de imperio de la vigilancia. Sin que lo sepamos, cada vez más nos observan, nos espían, nos vigilan, nos controlan, nos fichan. Cada día, nuevas tecnologías se refinan en el seguimiento de nuestro rastro. Empresas comerciales y agencias publicitarias registran nuestra vida. Pero, sobre todo, bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o contra otras plagas (pornografía infantil, blanqueo de dinero, narcotráfico), los Gobiernos  –incluidos los más democráticos– se erigen en Gran Hermano y ya no dudan en infringir sus propias leyes para espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwellianos  buscan establecer ficheros exhaustivos de nuestros contactos y de nuestros datos personales tal y como figuran en diferentes soportes electrónicos.

Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos años, ciudades como Nueva York, París, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir más la protección de nuestra vida privada. 

Entendámonos: el problema no es la vigilancia en general, es la vigilancia masiva clandestina. Es evidente que, en un Estado democrático, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, basándose en la ley y con la autorización previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa. Como dice Edward Snowden: “No hay ningún problema si se trata de poner bajo escucha a  Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez –un juez independiente, un juez auténtico, no un juez secreto–, y puedan probar que existe una buena razón para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificación” (1).

Con ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matemáticos, de estadistas y de informáticos buscan y clasifican la información que generamos sobre nosotros mismos. Satélites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros andares, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las cámaras de vídeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. También siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos...

Cabe señalar que la inimaginable revolución digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, también ha trastornado totalmente el ámbito de los servicios de información y de la vigilancia. En la época de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, “indetectable”,  invisible. Además, se caracteriza técnicamente por una simplicidad pasmosa. Se acabaron los trabajos de albañilería para instalar cables y micrófonos, como en la célebre película La Conversación (2), donde podíamos ver cómo un grupo de “fontaneros” presentaba, en un Feria consagrada a las técnicas de vigilancia, ‘chivatos’ más o menos elaborados equipados con  cajas rebosantes de cables eléctricos que había que esconder en los muros o en el suelo...

Varios estrepitosos escándalos de esa época –el caso Watergate en Estados Unidos, el de los “fontaneros de Le Canard enchaîné” en Francia–, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de información, demostraron los límites de estos antiguos métodos mecánicos, fácilmente detectables y localizables.


Hoy en día, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas informáticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas los contenidos de los teléfonos móviles: mensajes de texto, correos electrónicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc. Con el auge del consumo en línea, la vigilancia de tipo comercial también se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercancías. Durante cada una de nuestras conexiones a una página web, las cookies guardan el conjunto de las búsquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milésimas de segundo, el editor de la página visitada vende a los posibles anunciantes la información que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas milésimas de segundo más tarde, la publicidad que se supone que causa más impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y así quedamos ya fichados definitivamente.

De alguna manera, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado sólo a los servicios estatales de información. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto también se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones. Julian Assange lo afirma: “Las nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, más recientemente, Facebook han tejido estrechos vínculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores” (3). Este Complejo de la seguridad y de lo digital –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– constituye un auténtico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.

Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel... Es tan fabuloso que “el individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnológico, no se preocupa por saber, y menos aún por comprender, que las máquinas gestionan su día a día. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obstáculos físicos, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control más increíble que el ser humano haya podido crear jamás” (4).

Este intento de control total de Internet representa un peligro inédito para nuestras sociedades democráticas: “Permitir la vigilancia de Internet –afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundió las revelaciones de Edward Snowden– viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo prácticamente todas las formas de interacción humana, incluido el pensamiento propiamente dicho” (5).

Ésta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que existían antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posición central en la organización de las sociedades modernas. Éstas son “sociedades disciplinarias” donde el poder, por medio de técnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible (6).


Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos está legitimada políticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administración burocrática de la sociedad. Así, el Estado afirma que será más competitivo y, por lo tanto, servirá mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma más profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez más invasiva, la intrusión del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville señalaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupación es la protección de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado (7).

Esta tradición se prolonga en la actualidad en la persona de los “lanzadores de alertas”, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: “Para estos ‘lanzadores de alertas’, su lucha por una información libre y transparente es una lucha casi natural. ¿Tendrán éxito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, sería peor aún. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la información difundida por Assange y Snowden llegue al público. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su ‘enemigo  principal’.  Y el ‘enemigo principal’ de cualquier Gobierno es su propia población” (8).

En la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos más personales e íntimos, tanto profesionales como emocionales. Así, cuando el Estado, con ayuda de tecnologías súper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no sólo rebasa sus funciones, sino que, además, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro espíritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.

Sin saberlo, a ojos de los nuevos “Estados de vigilancia”, nos convertimos en clones del héroe de la película El Show de Truman (9), expuestos en directo a la mirada de miles de cámaras y a la escucha de miles de micrófonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de información.

A este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que “en la época de las tecnologías digitales modernas, la vida privada es una anomalía...”(10). Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es aún más pesimista: “Básicamente –considera–, nuestra vida privada se ha acabado y, por así decirlo, es imposible recuperarla” (11).


 Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la época se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupación de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o “sospechosa” porque sólo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control público. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si ésta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, está acompañada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso –“Dadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garantía de seguridad.”– es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un engaño. Sin embargo, la “vigilancia total” se ha convertido en una realidad indiscutible.

Contra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la lúcida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constitución estadounidense: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos”.

Una sentencia de perfecta actualidad y que debería animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal función no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración y primer pensador que “descubrió” la intimidad, nos dio el ejemplo. ¿No fue él también el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?

“El fin de la vida privada sería una auténtica calamidad existencial”, ha subrayado igualmente la filósofa contemporánea Hanna Arendt en su libro La condición humana (12). Con una formidable clarividencia, en su obra señala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinción entre la vida privada y la vida pública estaría establecida de forma insuficiente, lo que, según Arendt, significaría el fin del hombre libre. Y arrastraría a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.
(1) Katrina van den Heuvel et Stephen F. Cohen, ? “Edward Snowden: A ‘Nation’ Interview”,The Nation, Nueva York, 28 de octubre de 2014.
(2) La Conversación (The Conversation), 1973. Dirección: Francis F. Coppola. Intérpretes: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford, Robert Duvall. Palma de Oro 1974 en el Festival de Cannes.
(3) Ignacio Ramonet, “Entrevista a Julian Assange: ‘Google nos espía e informa al Gobierno de Estados Unidos’”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 2014.
(4) Jean Guisnel en su prefacio al libro de Reg Whitaker, Tous fliqués. La vie privée sous surveillance, Denoël, París, 2001 (en español: El fin de la privacidad. Cómo la vigilancia total se está convirtiendo en realidad, Paidós, Barcelona, 1999).
(5) Glenn Greenwald, No place to hide. Edward Snowden, the NSA, and the US Surveillance State, Metropolitan Books, Nueva York, 2014.
(6) Michel Foucault, Vigilar y castigar, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012.
(7) Alexis de Tocqueville, La democracia en América, Akal, Madrid, 2007.
(8) Ignacio Ramonet, “Entrevista con Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia”,Le Monde diplomatique en español, abril de 2015.
(9) El Show de Truman (The Truman Show) (1998). Dirección: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carrey, Ed Harris.
(10) Marianne, París, 10 de abril de 2015.
(11) El País, Madrid, 13 de enero de 2015.
(12) Hanna Arendt, La condición humana,  Paidós, Barcelona, 2005.

martes, 6 de octubre de 2015

Abundancia de agua en Marte y millones sin agua potable en el planeta azul

Por David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT

La comunidad científica recibió con entusiasmos el informe emanado desde las instalaciones en Estados Unidos, de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), sobre evidencias de la presencia de agua salada en Marte, lo que sugiere la posibilidad de vida microscópica en el cuarto y desolado planeta del Sistema Solar más cercano al Sol, también llamado el planeta Rojo.

El hallazgo tiene un valor extraordinario para entender la expansión del cosmos, los orígenes del universo y las interacciones entre la comunidad de objetos en órbita y el camino para imaginar la conquista de algo que está más lejos en años luz: los exoplanetas. Sin embargo, la carrera espacial genera dudas sobre el límite de los elevados presupuestos asignados al envío de sondas y robots para escudriñar la superficie marciana, en busca de depósitos hídricos mientras hay multitudes empobrecidas sin acceso al agua.

Para ser consecuentes con esa realidad, los científicos deberían alegrarse por descubrir agua salada en Marte y entristecerse porque el vital líquido no esté presente en los hogares de millones de seres humanos que habitan en el planeta Azul, como lo describen quienes observan las fotos captadas desde el espacio en las que predominan las tonalidades azuladas de la hidrosfera y gases de la atmósfera.

El agua cubre el 71 % de la superficie de la corteza terrestre. Se  localiza principalmente en océanos, donde se concentra el 96,5 % del agua total, los glaciares y casquetes polares poseen el 1,74 %, los depósitos subterráneos (acuíferos), los permafrost y los glaciares continentales son el 1,72 % y el restante 0,04 % se reparte en orden decreciente entre lagos, humedad del suelo, atmósfera, embalses, ríos y seres vivos. Pero hay quienes no llegan a beberla.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la escasez de agua afecta ya a todos los continentes. Cerca de 1.200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive en áreas de escasez física de agua, mientras que 500 millones se aproximan a esa situación. Otros 1.600 millones, alrededor de un cuarto de la población mundial, se enfrentan a la escasez económica de agua en países que carecen de la infraestructura necesaria para transportar el líquido desde ríos y acuíferos.

Latinoamérica y el Caribe han mejorado sus infraestructuras de agua y saneamiento, pero la mayor falta de cobertura se refleja en las poblaciones indígenas. A lo largo del último siglo, el uso y consumo del vital líquido creció a un ritmo dos veces superior al de la tasa de crecimiento de la población y, aunque no se puede hablar de escasez hídrica en el ámbito global, aumenta el número de regiones con niveles crónicos de carencia de agua, debido al control hídrico por grupos de poder económico, el desperdicio y la contaminación.

Los estudios y prospecciones recientes revelan que más del 90 por ciento del hielo de agua dulce del planeta Tierra está unido a las enormes láminas de hielo y a los glaciares de la Antártida y de Groenlandia. A medida que las temperaturas ascienden lentamente en el mundo, las aguas de deshielo que provienen de esos vastos depósitos helados contribuyen a elevar el nivel del mar.

De la misma forma como se ha decidido buscar manantiales en Marte, los gobiernos de todos los países deberían diseñar políticas públicas para garantizar el acceso al agua, estrategias contra el mal uso del recurso hídrico y adaptar a las poblaciones al riesgo de inundación asociado al Cambio Climático. Está claro que no puede haber desarrollo sostenible sin agua, que es esencial para la vida.