El
Estado Islámico, una rara alquimia de Corán, Twitter y violencia terrorista
Mariano
César Bartolomé
Napoleoni L. (2015). El Fénix Islamista. Barcelona: Paidós.
Articulo Completo
en: http://www.academia.edu/16417369/Estado_Isl%C3%A1mico_una_rara_alquimia_de_Cor%C3%A1n_Twitter_y_violencia_terrorista
VERSIÓN RESUMIDA
Por José de la Rosa Castillo
Especialista en
Relaciones internacionales
Miembro de la VT
E
|
l
Fénix Islamista, escrito por Lorett a Napoleoni, quien cobró notoriedad más
allá de los claustros de la London School of Economics al publicar hace unos
años su obra Yihad (en español Economía Canalla), en la cual estudió los
sofisticados métodos de financiación terrorista en la economía globalizada.
Desde ese entonces hasta ahora, su producción académica ha sido por demás
prolífica, con muchos de sus trabajos traducidos al español.
En
El Fénix Islamista, esta especialista en cuestiones terroristas del Club de
Madrid aborda el caso del autodenominado Estado Islámico (EI), grupo
radicalizado sunnita tristemente célebre en los últimos meses por la extrema
crueldad con que asesina a sus prisioneros, y la difusión que lleva a cabo de
esas acciones por las redes sociales. Así, pese al estéril esfuerzo de
gobiernos occidentales, se han esparcido por Internet escalofriantes escenas de
sus víctimas crucificadas, degolladas o quemadas vivas.
Sin
embargo, la trascendencia que Napoleoni le asigna al caso pasa por andariveles
menos mediáticos, pero a la vez más importantes desde el punto de vista de las
Relaciones Internacionales: con su enunciado de la creación de un Califato
Islámico sunnita, se apresta a rediseñar la cartografía política de Medio
Oriente y dar por superado el mapa planteado por el Acuerdo Sykes-Picott de 1916. Las dimensiones de ese desafío
fueron planteadas claramente por un portavoz de la organización: “la legalidad
de todos los emiratos, grupos, estados y organizaciones queda anulada a merced
de la expansión de la autoridad del califa y la llegada de sus tropas a los
territorios”.
La
idea del califato remite a la sociedad árabe que Mahoma edificó en el siglo VII,
y se expandió durante épocas posteriores, llegando hasta el siglo XIX, cuando
el título de Califa es empleado por última vez por Abdulmecid-I, entre 1823 y
1861. Con la disolución del Imperio Otomano y la constitución de la Turquía
moderna en 1924, por obra de Atartuk, esa denominación fue extinguida. Así, se
entiende que su restitución en tiempos modernos sea el sueño de todo musulmán
sunnita y constituya la consumación del resurgir del Islam de las cenizas de su
decadencia y declinación, cual Ave Fénix.
El
EI es un tipo de organización
absolutamente novel, que carece de antecedentes similares, por lo cual toda
analogía histórica puede dar lugar a peligrosos equívocos. Esa novedad radica
en compatibilizar de manera pragmática elementos tan diferentes como las
enseñanzas coránicas, enfatizando en el inminente inicio de una nueva época
dorada para el Islam de la mano del califato, con la globalización y el avance
de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Otros elementos se
suman a esa combinación, en una rara alquimia, entre ellos el control efectivo
de una amplia área territorial, hecho que marca –en su favor, claro– una nítida
diferencia cualitativa en relación a otras entidades terroristas, como los
numerosos grupos palestinos surgidos del tronco de Fatah a través de sucesivas
escisiones, o el propio Al Qaeda de Osama bin Laden.
En
este punto, un dato no menor es que el referido control territorial incluye la
imposición del orden público, acabando con una situación anárquica que favorece
los actos de corrupción por funcionarios venales del régimen de turno, y la
expoliación de los recursos de la población. La mejora de la situación de los
lugareños se acompaña con la creación o reactivación de las instituciones
políticas y el aparato productivo, y la implementación de planes sociales. En
otras palabras, y tal cual acontece en muchas partes del globo, es el caso de
un actor no estatal que ha sabido capitalizar en su beneficio la conducta de
Estados que, más allá de lo declarativo, han permanecido ausentes de espacios
signados por la pobreza crónica, la desilusión reiterada y la falta de
perspectivas en el futuro.
¿En
este raro híbrido de Sharia y Facebook, no es contraproducente para la
consolidación de una base de apoyo popular, la difusión de los actos de
violencia extrema del EI? Napoleoni no solo no lo cree, sino que reivindica la
habilidad de los líderes de esa organización en materia de medios de
comunicación masivos, alegando que en el contexto de vorágine informativa en la
cual nos encontramos inmersos, la “propaganda del miedo” capta la atención de
la audiencia global de manera mucho más efectiva que los sermones religiosos.
Más
aún, considera que la visión del EI como una organización sádica y sanguinaria,
prevaleciente en Occidente, no necesariamente es compartida por amplias capas
de la población siria e iraquí, que lo percibe como un factor de orden y
estabilización, tras décadas de guerras de facciones y corrupción estatal.
De
hecho, ella anticipa a poco de comenzar la obra que este grupo es una
“multinacional del terror”, calificándolo más adelante como la personalización de
la Tercera Guerra Mundial que el Papa Francisco considera en pleno desarrollo.
A
la hora de indagar en el surgimiento de este extraño colectivo, en el libro se
vincula ese hecho con el plurisecular enfrentamiento entre las corrientes
sunnitas y chiítas en el seno del Islam, remarcando un hecho que suele ser
ignorado, o soslayado en el mejor de los casos, por los analistas occidentales
de la cuestión: en tanto versión radicalizada sunnita (salafismo), los enemigos
del EI son menos las potencias occidentales con sus decadentes valores, que
otras vertientes islámicas percibidas como apóstatas (takfir), comenzando por
los chiítas. La autora declara de manera que si se consumara el Califato, ser chiíta
dentro de sus límites equivaldrá a haber sido judío en la Alemania nazi.
Cuando
al Zarqawi cae abatido en una operación militar de Estados Unidos, en 2006, la
organización entra en una situación errática de la cual emerge recién cuatro
años más tarde con un nuevo liderazgo, el que asumió tras salir de prisión Abu
Bakr al Bagdadi, quien renombró a la organización Estado Islámico de Irak
(ISI), tal cual lo había intentado infructuosamente su predecesor.
Siempre
en el relato de la autora, el liderazgo de Al Bagdadi se basa en buena medida
en su solidez en materia teológica, al ser graduado en estudios coránicos por
la universidad de Bagdad. Nuevamente se constata lo observado en otras
organizaciones terroristas: sus principales referentes, lejos de ser incultos o
poseedores de una rudimentaria educación, son egresados universitarios con una
vasta cultura. De su mano, ISI retomó el combate contra los chiítas, pero
además lo llevó a Siria, donde logró su consolidación. De esa fusión nacería
una nueva entidad, Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS).
En
referencia al conflicto interno sirio, Napoleoni es particularmente dura con los
gobiernos de Washington y Londres, indicando que crean las condiciones para la
aparición de “Frankenstein” (sic) cuyas acciones luego se vuelven en su contra,
como sería el caso del propio ISIS. Y agrega que sus intereses dificultan el
diseño de cualquier estrategia para contrarrestar a la organización, por
ejemplo, involucrando en el esfuerzo a Irán, principal aliado del régimen sirio
de Al Assad en la zona.
En
las postrimerías de libro, y como correlato de todo el desarrollo anterior, se
lee: “El Estado Islámico, trascendiendo la mitología y la retórica de
anteriores grupos Jihadista, demuestra pragmatismo y modernidad en el
desarrollo de la estrategia que requiere el logro de su ambicioso sueño por
construir una nación”. E incluso aventura que, aun fracasando, la experiencia
de EI puede servir de inspiración para otros grupos armados. ¿Qué hacer
entonces, frente a este hecho con escasos antecedentes?
Por
eso puede decirse que, con su estilo ameno y una pluma ágil, Napoleoni ha
contribuido a que la opinión pública pueda comprender uno de los procesos
políticos (y geopolíticos) más importantes de las Relaciones Internacionales
contemporáneas.
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