jueves, 15 de octubre de 2015

Joseph Stiglitz “agua la fiesta”  al TTP


Por David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT

El premio Nobel de Economía en 2001, el estadounidense Joseph Stiglitz, acaba de “aguar la fiesta” a los celebrantes del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en inglés), al que calificó de “motivador de desigualdad”, en el contexto de tensiones económicas y políticas globales.

Stiglitz, quien vienes de calificar de “indignantes” las medidas impuestas por el mercado a Grecia para encarar la crisis financiera, afianzó su rechazo al modelo de globalización y arremetió contra el TTP, a través de una declaración sustentada en argumentos contundentes.

“Se podría llamar una mala reforma, un paso en la dirección equivocada”, reconoció en Perú, y adujo que el Acuerdo Transpacífico socavará protecciones básicas de los consumidores, debido a trabas que restringirán el acceso de medicamentos. Añadió que “la historia de que los fármacos estarán más disponibles es básicamente una mentira”.

En respuesta al anuncio del documento, Stiglitz ha señalado sin ambages: “algunas personas llaman a la TPP un motivador de reformas estructurales, pero yo lo llamo un motivador para una mayor desigualdad y socavador de protecciones básicas de las personas en nuestra economía", con efectos nocivos sobre la Salud y el Ambiente.

“Estoy en contra del TPP”, un pacto comercial entre países que representan el 40 por ciento de la economía mundial, dijo el premio Nobel al cuestionar el secretismo de las negociaciones y el hecho de que las empresas dejarían a los gobiernos vulnerables desde un punto de vista legal.

Reseñó que el TPP perpetuaría las ventajas desiguales de compañías de los países más industrializados, elevando la protección de los derechos de propiedad intelectual en formas que aumentan las ganancias de los propietarios intelectuales, a expensas de todos los demás.

El acuerdo de libre comercio, que involucra a Chile y a 11 naciones del Pacífico, ha sido objetado, incluso, por la Organización Médicos sin Fronteras, que cuestiona la protección de los fármacos biológicos sujetos a la propiedad intelectual, en el ámbito del acuerdo.

Pese que el TTP aún no ha sido adoptado formalmente por los órganos legislativos de los países signatarios, la lluvia de crítica va en aumento. Ese rechazo ha impedido que los promotores de esa iniciativa hayan podido celebrar a sus anchas con las multinacionales farmacéuticas.

La organización de investigación Brookings Institution, con sede en Estados Unidos, advirtió que los fármacos biológicos son estructuralmente más complejos que otros medicamentos. Su elaboración es más difícil y costosa, y, en promedio, cuestan 22 veces más que los demás.

Conviene recordar que las negociaciones del tratado, iniciadas en 2008, concluyeron con su firma en la sureña ciudad estadounidense de Atlanta. Uno delos primeros en salir a celebrar fue el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien no previó que entraba en un berenjenal.

En Estados Unidos han saltado las alarmas, porque los fabricantes de fármacos biológicos tienen 12 años de exclusividad sobre la información necesaria para copiarlos. Durante ese lapso, la  Administración de Alimentos y Fármacos estadounidense no puede aprobar un fármaco biosimilar que utilice los datos biológicos originales.

Para algunos analistas, la propuesta del TTP esconde una preocupación de fondo en el modelo global. En 2020, la producción económica combinada de Brasil, China e India superará a la producción acumulada de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Italia.


Además, la creciente cooperación económica entre Beijing y Moscú indica que existe una nueva ecuación económica entre ambos, fuera del control occidental. El TTP no surge en forma aislada de esa realidad geopolítica, y reclama un papel activo de las organizaciones sociales.

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