Joseph Stiglitz “agua la fiesta” al TTP
Por David
Carrasco
Periodista
Miembro de la
VT
El premio
Nobel de Economía en 2001, el estadounidense Joseph Stiglitz, acaba de “aguar
la fiesta” a los celebrantes del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica
(TPP, en inglés), al que calificó de “motivador de desigualdad”, en el contexto
de tensiones económicas y políticas globales.
Stiglitz,
quien vienes de calificar de “indignantes” las medidas impuestas por el mercado
a Grecia para encarar la crisis financiera, afianzó su rechazo al modelo de
globalización y arremetió contra el TTP, a través de una declaración sustentada
en argumentos contundentes.
“Se
podría llamar una mala reforma, un paso en la dirección equivocada”, reconoció
en Perú, y adujo que el Acuerdo Transpacífico socavará protecciones básicas de
los consumidores, debido a trabas que restringirán el acceso de medicamentos.
Añadió que “la historia de que los fármacos estarán más disponibles es básicamente
una mentira”.
En
respuesta al anuncio del documento, Stiglitz ha señalado sin ambages: “algunas
personas llaman a la TPP un motivador de reformas estructurales, pero yo lo
llamo un motivador para una mayor desigualdad y socavador de protecciones
básicas de las personas en nuestra economía", con efectos nocivos sobre la
Salud y el Ambiente.
“Estoy
en contra del TPP”, un pacto comercial entre países que representan el 40 por
ciento de la economía mundial, dijo el premio Nobel al cuestionar el secretismo
de las negociaciones y el hecho de que las empresas dejarían a los gobiernos
vulnerables desde un punto de vista legal.
Reseñó
que el TPP perpetuaría las ventajas desiguales de compañías de los países más
industrializados, elevando la protección de los derechos de propiedad
intelectual en formas que aumentan las ganancias de los propietarios
intelectuales, a expensas de todos los demás.
El acuerdo
de libre comercio, que involucra a Chile y a 11 naciones del Pacífico, ha sido
objetado, incluso, por la Organización Médicos sin Fronteras, que cuestiona la
protección de los fármacos biológicos sujetos a la propiedad intelectual, en el
ámbito del acuerdo.
Pese
que el TTP aún no ha sido adoptado formalmente por los órganos legislativos de
los países signatarios, la lluvia de crítica va en aumento. Ese rechazo ha
impedido que los promotores de esa iniciativa hayan podido celebrar a sus
anchas con las multinacionales farmacéuticas.
La
organización de investigación Brookings Institution, con sede en Estados
Unidos, advirtió que los fármacos biológicos son estructuralmente más complejos
que otros medicamentos. Su elaboración es más difícil y costosa, y, en
promedio, cuestan 22 veces más que los demás.
Conviene
recordar que las negociaciones del tratado, iniciadas en 2008, concluyeron con
su firma en la sureña ciudad estadounidense de Atlanta. Uno delos primeros en
salir a celebrar fue el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien no
previó que entraba en un berenjenal.
En
Estados Unidos han saltado las alarmas, porque los fabricantes de fármacos
biológicos tienen 12 años de exclusividad sobre la información necesaria para
copiarlos. Durante ese lapso, la
Administración de Alimentos y Fármacos estadounidense no puede aprobar
un fármaco biosimilar que utilice los datos biológicos originales.
Para
algunos analistas, la propuesta del TTP esconde una preocupación de fondo en el
modelo global. En 2020, la producción económica combinada de Brasil, China e
India superará a la producción acumulada de Alemania, Canadá, Estados Unidos,
Francia, Gran Bretaña e Italia.
Además,
la creciente cooperación económica entre Beijing y Moscú indica que existe una
nueva ecuación económica entre ambos, fuera del control occidental. El TTP no
surge en forma aislada de esa realidad geopolítica, y reclama un papel activo
de las organizaciones sociales.
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