Por
David Carrasco
Periodista
Miembro
de la VT
La comunidad científica recibió con entusiasmos
el informe emanado desde las instalaciones en Estados Unidos, de la Administración
Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés),
sobre evidencias de la presencia de agua salada en Marte, lo que sugiere la posibilidad
de vida microscópica en el cuarto y desolado planeta del Sistema Solar más
cercano al Sol, también llamado el planeta Rojo.
El hallazgo tiene un valor extraordinario para
entender la expansión del cosmos, los orígenes del universo y las interacciones
entre la comunidad de objetos en órbita y el camino para imaginar la conquista
de algo que está más lejos en años luz: los exoplanetas. Sin embargo, la
carrera espacial genera dudas sobre el límite de los elevados presupuestos
asignados al envío de sondas y robots para escudriñar la superficie marciana, en
busca de depósitos hídricos mientras hay multitudes empobrecidas sin acceso al
agua.
Para ser consecuentes con esa realidad, los
científicos deberían alegrarse por descubrir agua salada en Marte y
entristecerse porque el vital líquido no esté presente en los hogares de
millones de seres humanos que habitan en el planeta Azul, como lo describen
quienes observan las fotos captadas desde el espacio en las que predominan las
tonalidades azuladas de la hidrosfera y gases de la atmósfera.
El agua cubre el 71 % de la superficie de la
corteza terrestre. Se localiza
principalmente en océanos, donde se concentra el 96,5 % del agua total, los
glaciares y casquetes polares poseen el 1,74 %, los depósitos subterráneos
(acuíferos), los permafrost y los glaciares continentales son el 1,72 % y el
restante 0,04 % se reparte en orden decreciente entre lagos, humedad del suelo,
atmósfera, embalses, ríos y seres vivos. Pero hay quienes no llegan a beberla.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha
advertido que la escasez de agua afecta ya a todos los continentes. Cerca de
1.200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive
en áreas de escasez física de agua, mientras que 500 millones se aproximan a esa
situación. Otros 1.600 millones, alrededor de un cuarto de la población mundial,
se enfrentan a la escasez económica de agua en países que carecen de la
infraestructura necesaria para transportar el líquido desde ríos y acuíferos.
Latinoamérica y el Caribe han mejorado sus
infraestructuras de agua y saneamiento, pero la mayor falta de cobertura se
refleja en las poblaciones indígenas. A lo largo del último siglo, el uso y
consumo del vital líquido creció a un ritmo dos veces superior al de la tasa de
crecimiento de la población y, aunque no se puede hablar de escasez hídrica en
el ámbito global, aumenta el número de regiones con niveles crónicos de
carencia de agua, debido al control hídrico por grupos de poder económico, el
desperdicio y la contaminación.
Los estudios y prospecciones recientes revelan
que más del 90 por ciento del hielo de agua dulce del planeta Tierra está unido
a las enormes láminas de hielo y a los glaciares de la Antártida y de
Groenlandia. A medida que las temperaturas ascienden lentamente en el mundo,
las aguas de deshielo que provienen de esos vastos depósitos helados contribuyen
a elevar el nivel del mar.
De la misma forma como se ha decidido buscar
manantiales en Marte, los gobiernos de todos los países deberían diseñar
políticas públicas para garantizar el acceso al agua, estrategias contra el mal
uso del recurso hídrico y adaptar a las poblaciones al riesgo de inundación
asociado al Cambio Climático. Está claro que no puede haber desarrollo
sostenible sin agua, que es esencial para la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario