Por
David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT
La Ciudad de Colón, situada a 80
kilómetros al norte de la capital panameña, es una muestra de contrastes y de
una población que se aferra a sus valores, pese
los intentos de grupos dominantes de borrar su cultura e historias de
luchas sociales que han contribuido al acervo de la nación panameña.
Una costosa inversión en puentes y
carreteras dan la bienvenida a los viajeros cuando arriban a la segunda ciudad
del país, alguna vez llamada Aspinwall, para realizar transacciones de negocios
o cumplir actividades turísticas en la costa del Caribe, donde las ofertas
publicitarias poco tienen que ver con el ser colonense.
Una posición geográfica orientada al sector
marítimo, portuario y de acceso al Canal de Panamá ha incentivado a volcar
sobre Colón una estrategia que pondera la conducta de waiter y del “salve” o
propina entre miles de jóvenes desorientados y desprovistos de ejemplos que
coadyuven a la construcción de un modelo patriótico firme.
Los residentes locales concentrados en
antiguos caserones y edificios han sido privados de elementos visuales que recuerden el sacrificio del caudillo Pedro
Prestán, ahorcado e18 de agosto de 1885 tras ordenar la detención del cónsul de
Estados Unidos en Colón, dos oficiales del buque de guerra estadounidense
Galena y a dos empleados de la Pacific Mail,
Tampoco hay estatuas ni murales que
evoquen el sacrificio del dirigente estudiantil Juan Antonio Navas, héroe de la
gesta patriótica del 9 de enero de 1964, cuyo cuerpo torturado apareció en el
Corredor de Colón 6 de junio de 1966, en un período marcado por las
turbulencias. Las actuales generaciones han sido inducidas por el poder económico
a olvidar a líderes de la talla de Antonio Yepes De León, quien dio su vida por
ver una población digna y próspera.
A diferencia de otras ciudades, Colón
carece de buenos restaurantes y lugares de esparcimiento seguros para disfrutar
en familia. No existen lugares destinados a conciertos o espectáculos dirigidos
a elevar el sentido de pertenencia de sus habitantes. Únicamente, hay un cine y
las empobrecidas familias viven atrapadas en 16 calles de exclusión, donde las
pandillas sirven a las estructuras de poder.
Es triste ver, que los colonenses
disponen de un centro regional universitario en decadencia, abandonado, sin
claridad y perspectivas sobre el futuro inmediato de los jóvenes profesionales.
Pese a ello, los activistas de movimientos contestatarios siguen resistiendo el
modelo dominante que se apoya en prácticas de despojo, corrupción y
concentración del capital multinacional.
Colón es una ciudad con historia que hay
que rescatar del olvido y la manipulación de políticos inescrupulosos que
difunden la idea del sometimiento al mercado como una conducta encaminada al
éxito. Esta ciudad, donde perdura el sentimiento de resistencia, merece el
apoyo de todas las fuerzas sociales que aspiran al desarrollo y validación de
un modelo de democracia popular transformadora.
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