viernes, 18 de septiembre de 2015

EL DERECHO AL ACCESO A MEDICAMENTOS SEGUROS

Por David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT

Pese al derecho a tener acceso rápido y permanente a medicamentos de calidad para el combate de enfermedades o la aplicación de terapias en pacientes afectados por diversos trastornos, la población panameña es frecuentemente vulnerada por la falta de productos e insumos en las farmacias locales.

El modelo de negocios de medicamentos en manos de grandes casas o laboratorios, ha condicionado durante décadas la gestión pública para garantizar las compras, el almacenamiento y la distribución eficiente de medicinas para garantizar la Salud. De hecho, la ausencia de medicinas impulsa a los enfermos asegurados y no asegurados a adquirir medicamentos caros en droguerías privadas.

La directora nacional de Farmacias y Drogas del Ministerio de Salud, Jenny Vergara Sibauste, reconoció que esa dependencia ha concentrado todos los esfuerzos en procura de inventarios serios y ordenados, Sin embargo, advirtió que esa dependencia únicamente dispone de 59 profesionales farmacéuticos, cinco asistentes de farmacia y 24 empleados administrativos, sobre quienes recae la tarea de coordinar esa titánica proyección.

Además, el Instituto Especializado de Análisis (IEA), de la Universidad de Panamá, es el único laboratorio de referencia para un país cuya población está en aumento y que enfrenta la presión para que reciba lotes de medicinas cuyas patentes de registro están en trámite y no han sido oficialmente aprobadas.

Hace exactamente un año, Vergara Sibauste anunció una iniciativa dirigida a la modificación a la reglamentación de la Ley 1 de 10 enero de 2001, sobre medicamentos, con el objetivo de reglamentar la expedición de permisos especiales de importación de medicinas que no poseen un  registro sanitario.

La directora indicó que Panamá no debe ceder, ni puede flexibilizar la ley de medicamentos para satisfacer intereses económicos en perjuicio de la Salud de la población. En cambio, recomendó la realización de estudios sobre las enfermedades predominantes, para que ello ayude a definir los criterios científicos en la compra anticipada de fármacos y evitar con ello el desabastecimiento.

Algunos pacientes han enfrentado el riesgo de muerte, a causa de la escasez o el desabastecimiento de medicamentos de uso restringido, que son emitidos con prescripción médica. Esa realidad no debe ser pasada por alto en un país donde son privilegiadas otras áreas de inversión pública y cuyo presupuesto general del Estado para el 2016 alcanza los 20.104 millones de dólares.

En 2013, Vilma Turner, del Colegio Nacional de Farmacéuticos, rechazó una resolución del Ministerio de Salud, del 11 de marzo, que suspendía hasta el 15 de septiembre el requerimiento de certificado de intercambiabilidad en 32 medicamentos, y exigió el cumplimiento de la ley 1. Un certificado de intercambiabilidad asegura la calidad y las sustancias terapéuticas activas en medicamento de marca o los denominados genéricos.

No obstante, hay un negocio de multimillonario de medicamentos, en el que también figuran los fármacos falsos o sin registro sanitario, al que suma la aparición de grupos que venden remedios mágicos y pócimas con propiedades presuntamente maravillosas que conspiran contra los esfuerzos de ordenar la industria, convertida en un escenario de abusos de mercaderes de la Salud pública. Esta realidad debería concitar la reacción enérgica de los consumidores y las asociaciones de pacientes.


El investigador panameño Ibis Sánchez-Serrano, experto en cuidados de la salud y el desarrollo de fármacos y autor del libro La Crisis mundial de los sistemas de salud: desde el laboratorio de investigaciones hasta la cama del paciente (Elsevier 2011), reconoció que los progresos de la salud mundial están trancados en el tema de los medicamentos, y Panamá no es la excepción.

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