Los institutores, el boxeo y la lucha libre
Por David Carrasco
Periodista
Miembro de la VT
Las vivencias de un institutor. La pregunta es ¿Cómo llegamos a la situación que hoy vive el glorioso nido de águilas?
Habíamos acudido allí para apoyar al dilecto amigo Cristobal "Pacho" Garibaldo, quien se disponía a dirimir sus diferencias con un retador mañoso y de muy mala sangre.
En medio del bullicio, ambos pugilistas confiados en el triunfo asumieron posiciones de titanes, pero antes de que se iniciase el pleito se escuchó, a lo lejos, el silbato preventivo de un policía.
Corrimos como los personajes de la película "Fuga en Cadenas", con dirección al Nido de Águilas, pero nos percatamos de que "Pacho" había dejado atrás la camisa blanca de su uniforme.
Cerca de la casa de Harmodio "Moyito" Centella, un magnífico anfitrión de tertulias, fuimos sorprendidos por el llamado de un tipo que avanzaba hacia nosotros."¡Esperen, esperen!", exclamó.
El desconocido, quien devolvió a su legítimo propietario la prenda de vestir que creíamos perdida, era Roberto "Mano de Piedra" Durán, el mismo que se convertiría en el primer púgil latinoamericano en conquistar cuatro títulos mundiales en diferentes categorías.
Agradecimos a Durán el acto se honradez y solidaridad, y avanzamos con paso seguro hasta la tienda del español José "Pepe" Souto, en la calle Estudiante.
Dos días después, sobre la acera de esa misma calle, fui testigo presencial de una confrontación pública, cuerpo a cuerpo, entre dos hombres. Uno de ellos era "Chamaco" Castro, un vererano de luchas cotra los enmascarados e inspector en el Instituto Nacional, y el otro podía ser descrito como un contrincante sometido con una llave de inmovilización.
El desconocido alegaba ser inocente de un supuesto intento de robo en un automóvil aparcado en la calle.
A siete pies de distancia de ambos gladiadores, había un cuchillo de cocina, con el que el extraño presumiblemente pretendía abrir la puerta del coche.
Con la minuciosidad de Sherlock Holmes, icono de las novelas detectivescas escritas por Agatha Christie, tomé por la punta el filoso objeto y comenté en voz alta: "el instrumento que yacía sobre el cemento no es de aquí. Ha sido traído de lejos y pudo ser transportado en el Expreso Oriente". La descripción no pudo ser más original, debido a que en la hoja metálica se leía "Made in China".
Una mujer que llevaba una bolsa con verduras, replicó: "¿cómo? ¿un ladrón? pero si en esta calle nadie roba". La dama había acertado en sus comentarios, porque el manto protector del Alma Mater se extendía al vecindario y a los habitantes que cultivaban el respeto y la solidaridad.
Entretanto, aquel intruso dominado por el ágil inspector se resistía y exigió que fuese devuelto al pavimento el objeto punzocortante. Así lo hice, y tras comprobar que la situación estaba bajo control, me dirigí a la tienda a comprar una rica enchilada.
Detrás del inmueble de madera que albergaba a la tienda, vivían Manuel "Lillo" Caballero y Francisco Nativi. Al frente, en la otra acera, estaba la Librería Estudiante, de la familia Mora, y a la vuelta de la cuadra se hallaba el domicilio de mi gran amiga Mayra Herrera, poseedora de un corazón de oro y de un toque culinario excepcional.
De nuevo, en el teatro de la lucha callejera, el merodeador fue liberado y tuvo que partir sin penas ni glorias, ante la falta de evidencias que lo incriminasen.
En ese momento, "Chamaco" se alzó como un coloso con la capacidad de redimir al barrio. Le pregunté si estaría dispuesto a combatir en el ring contra Blue Demon y El Santo, el enmascarado de plata. La respuesta fue afirmativa; pero ese esperado duelo jamás se produjo.
En boxeo y la lucha libre desataban pasiones en la juventud en la década de 1960. De hecho, los chicos y las chicas podían presenciar los entrenamientos de boxeo en los gimnasios de Marañón y El Chorrillo, y las clases de lucha libre en la Academia Chacón Plata, cerca del hemiciclo legislativo.
Asimismo, los fanáticos podían admirar en los cines Savoy, Roxy, Edison y Variedades los episodios "Los tigres del ring" y emular a sus ídolos que combatían del lado de los humildes.
Luego de esas jornadas y la serie de acontecimientos, volví a recorrer la vía, únicamente para comprobar que había en cada esquina un héroe y una heroína, y que florecían los actos de ciudadanos valerosos covertidos en adalides de la justicia y el decoro.
Me alejé pensativo, hasta perderme entre los zaguanes de la metrópoli. En la Avenida B, tomé un autobús con destino a mi casa. Pero, en la parada del supermercado Riba Smith subió a bordo un sujeto ataviado con una armadura del período medieval. Dentro de esa armadura estaba "Chaflán", un loco ingenioso y divertido de la urbe, y amigo de Roberto Durán.
"Mi buen señor, soy el caballero Ajax y necesito saber si este carruaje puede llevarme a mi palacio, en Bethania".
El chofer lo miró de arriba a abajo y respondió: "¡mucho cuidado. Si rompes los asientos con el montón de lata que llevas encima, me vas a pagar el daño!".
Finalmente, arribé a mi casa. Sobre la mesa de la sala había sido servido un plato de chicheme caliente, condimentado con rajitas de canela y clavitos de olor. Presumo que el aroma de ese alimento tradicional, cocido a fuego lento atrajo al vecino Félix Piñango, quien llegó con el interés de preguntar por unas revistas y relatar aventuras increíbles,t que son parte del imaginario popular.
Referencias:
Cristóbal "Pacho" Garibaldo trabaja en en el canpo jurídico, Harmodio "Moyito" Centella es escenógrafo y musicalizador del conjunto de Osvaldo Ayala. Mayra Herrera estudió literatura europea y española en Rusia. Manuel "Lillo" Caballero es profesor jubilado. Francisco Nativí es administrador de la terminal de Albrook. Félix Piñango es técnico en telecomunicaciones y comentarista político y deportivo. Los hermanos Mora se dedican a diversos negocios. "Chamaco" Castro, José "Pepe" Souto y "Chaflán" fallecieron.
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