«Para el
Papa, un buen político debe generar procesos, con mente abierta, pensando en
los intereses de todos y no pensar solo en los espacios que genera el poder.»
Jaime Ford
Profesor de Física
Sociólogo
Miembro de la VT
Sobre
esta intervención, me permito solo considerar dos aspectos, de los muchos e
interesantes temas que abordó su Santidad: su visión de los políticos por una
parte y por la otra, su visión de la juventud.
Comienzo señalando que ante un escenario de gran poder en la nación y
economía más poderosa del planeta, el Papa redefine la misión que debe
encabezar la clase política mundial cuando expresa que ella es una vocación que
mantiene vigencia si y solo si está orientada a promover el crecimiento de la persona y ese valor se potencia si se orienta
a los más vulnerables.
En
su discurso se reconoce una crítica a quienes intentan desviar “el bien común”
que debe tener la política que es el servicio a la persona humana y no la
esclavitud a la economía. La política
debe tener una función de mayor alcance
y es que la comunidad comparta su vida social, de justicia, paz y no
sólo la satisfacción de intereses particulares, como él lo llama.
Para
el Papa, un buen político debe generar procesos, con mente abierta, pensando en
los intereses de todos y no pensar solo en los espacios que genera el poder.
El concepto de la superioridad del tiempo sobre el espacio, lo toma del
Evangelli Gaudium, donde los procesos son la prioridad y no aquello que
reflejan los intereses de diversos grupos o sectores sociales.
Como se verá, hay
una clara intención de reordenar las agendas que deben tener las fuerzas que
dirigen el mundo, especialmente si cambian sus paradigmas de la política y la
orientación que debe tener la misma en la sociedad. Por ello, reconoce con
extraordinaria claridad, que la misión de todos debe ser: “… devolver la
esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos,
promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia
delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad,
cooperando con entusiasmo al bien común.”
El segundo asunto,
es el de la juventud, el que el Papa observa que es el elemento más vulnerable
de la familia y que él considera que es una problemática que la sociedad
esquiva. Declara su interés en dialogar
con los jóvenes porque en su opinión, ellos son portadores de nobles y altos
ideales y a pesar de los ofrecimientos que
les hacen distintos sectores, evitan ser divididos.
La juventud es
víctima de errores producto de la inexperiencia, y muchas veces de la soledad
de sus demandas. Su valor histórico
radica en la condición de ser el relevo natural de las generaciones
presentes, pero necesita del manejo de
los procesos, del aprendizaje que la sociedad debe proveerles.
La juventud es la
fuente de una energía que ofrece posibilidades a las sociedades, cuando ella
tiene las herramientas necesarias para conducir o para empujar a las
generaciones presentes hacia decisiones y cambios que necesitan los pueblos.
El Papa Francisco
lo reconoce en su discurso cuando destaca sus potencialidades futuras, pero
señala las amenazas presentes de grandes grupos de ellos que no tienen claridad
y sentido en su vida o cuando son arrastrados el flagelo de la violencia o la
desesperación, como el mismo lo señala.
Esa situación no pueden ignorarlas las generaciones presentes, deben por
el contrario acompañar a los jóvenes a encontrar sus sueños, si no los tienen y
a hacerlos realidad, si lo han pensado.
Finalmente, el jefe
de la iglesia catolica hace una invitación a afrontar con la juventud sus
problemas, a no dejarlos solos, a reconocer su complejidad y especificidad, a
invitarlos a construir con voluntad sus propias familias, luego de pensar sus
sueños. Familias que serán la continuidad de la sociedad humana y la
posibilidad de un cambio en el futuro que tenga sus fundamentos en la justicia
social, la equidad, el respeto al ambiente, la dignidad humana y la vida.
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